Doce posiciones traía el índice de uno de los primeros cursos online de maternidad que abrí en el celular: cada una con foto, numeradita, como una tabla de gimnasia con niveles que hay que ir superando. Ese número se me quedó pegado más que cualquier promesa bonita sobre bienestar en el embarazo, porque de esas doce, cuento con los dedos de una mano las que de verdad sirven cuando ya llevas horas de contracciones y el cuerpo no da para pensar en la forma perfecta. Ahí está el primer malentendido que quiero desarmar sobre las posiciones para el parto que enseñan los programas de preparación al parto: no es un catálogo para memorizar, es un puñado de opciones que hay que reconocer con el cuerpo cansado, no con la cabeza fresca de una clase.
Antes de seguir, pues, otra aclaración: comparto acá solamente los cursos por los que yo misma he pasado en este camino de convertirme en mamá por primera vez, revisándolos con el mismo ojo con el que reviso una planeación de aula antes de dictarla. Lo que sirve para tu cuerpo, al final, lo decide tu obstetra o tu partera junto contigo — yo nada más comparto lo que fui encontrando en el camino, con la misma seriedad con la que reviso el trabajo de mis alumnos.
El mito de las doce posiciones que enseñan los cursos online de preparación al parto
Cuando empecé a mirar en serio las opciones de preparación al parto, ya venía cansada de las clases del hospital, que eran hojas fotocopiadas y una enfermera leyendo en voz alta sin espacio para que una preguntara lo que de verdad le quitaba el sueño. Fue por eso que terminé buscando algo más completo por mi cuenta, con la misma desconfianza con la que reviso un libro de texto nuevo antes de mandarlo a pedir para mis alumnos. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la mujer en trabajo de parto tenga libertad para moverse y elegir la posición que le resulte más cómoda, algo que en esas hojas del hospital apenas se mencionaba de pasada. El curso Vive Tu Parto Sin Miedo fue el que realmente se detuvo ahí, con una estructura clara para el tercer trimestre que avanza semana por semana, sin apurar el tema como quien tacha una casilla.
Ese es justamente el malentendido que quiero corregir: no hace falta memorizar las doce posiciones del índice, ni ninguna coreografía completa, para llegar preparada. Lo que cambia el juego es reconocer dos o tres que tu propio cuerpo puede sostener cuando ya está agotado, y eso el curso lo explica sin perderse en anatomía de manual. Ahí también entra el miedo al parto: gran parte de lo que había leído por mi cuenta solo lo alimentaba en vez de resolverlo, y preferí quedarme con un programa que no separara el miedo del movimiento, tratándolos como parte de la misma preparación. Comparar métodos de preparación al parto —desde el hipnoparto hasta la clase tradicional del hospital— también entra en esa cuenta, aunque ese es tema para otro día completo.
Movimiento durante el trabajo de parto
Aquí tengo que hacer una corrección honesta sobre algo que pensaba hace poco: creía que había que estar en movimiento constante durante el parto, cambiando de posición cada cierto tiempo como si fuera una rutina de aeróbicos con cronómetro. Después de leer más y de conversar con mi obstetra, entendí que estaba equivocada. Forzar un cambio de posición solo porque el reloj lo dice, sin que el cuerpo lo esté pidiendo, cansa a la madre sin necesidad, y esa fatiga después se paga cara. Si una posición te funciona, aunque sea estar de lado y quieta un buen rato, ahí te quedas.
La ansiedad de antes del parto tiene mucho que ver con esta necesidad de estar haciendo algo todo el tiempo, como si quedarse quieta fuera sinónimo de no estar preparada. A mí me pasó con una aplicación de meditación guiada que descargué con muchas ganas: la usé cuatro días seguidos y después se quedó enterrada entre las demás apps del teléfono, sin que volviera a abrirla. Una amiga que va a clases de yoga en el Centro Histórico me decía que el problema no era la meditación en sí, sino que yo la estaba tratando como una tarea más de la lista, en vez de un espacio real. Tenía razón, qué pena admitirlo.
Por esos días empecé a caminar tramos cortos por la avenida del Lago, en Manga, más que nada para sacar la cabeza de la pantalla del celular. Al agacharme a recoger algo del piso del salón —una tiza, el cuaderno de un alumno, lo que sea— siento cómo el peso de la barriga se corre hacia un lado, como buscando ella también su propia posición. Fue ahí, casi sin proponérmelo, cuando empecé a probar la asimetría con silla que enseña el curso: un pie apoyado en un escalón bajito mientras hago cualquier otra cosa, como esperar a que hierva el agua para el tinto.
Solo tres posiciones sobreviven a una noche larga de contracciones
De las doce posiciones del índice, las que sobreviven a una noche larga son apenas tres, y ninguna necesita accesorios raros. La de cuatro apoyos, con las manos y las rodillas en el piso, es la que más uso cuando la espalda baja me reclama después de un día entero de pie frente al tablero: ayuda a que la espalda descanse y a que el bebé se acomode, sin que yo tenga que pensar mucho en la técnica. Ya conté que la asimetría con silla —un pie más alto que el otro— es la que meto entre tarea y tarea de la casa. La tercera es inclinarse sobre una superficie alta, los brazos apoyados en la cama o en un mueble, dejando que la barriga cuelgue sin que una sostenga el peso con la espalda. Ninguna de las tres pide explicación de manual: las tres se sienten, más que se entienden.
Ahora, en la parte que menos me gusta: el módulo de respiración pide práctica diaria de mínimo quince minutos, y si un día llegas moridita de cansancio y solo quieres ver la novela, se te va a hacer cuesta arriba. Si no sacas ese tiempo, igual vas a llegar al parto con la teoría clara pero el cuerpo tieso, que es al final lo que importa. A eso súmale que algunos videos traen el audio bajito — tocó ponerme audífonos más de una vez para no perderme nada.
Medir la inversión sin perder de vista el bolsillo real
Si pongo la matrícula de estos programas al lado de mi economía doméstica, el curso principal me sale más o menos como un mes de yoga prenatal en el estudio que queda cerca de la casa — con la diferencia de que el yoga se acaba cuando una sale del salón, y esto queda guardado en el celular para repasarlo cada vez que vuelve el miedo. Ahí está mi criterio real para decidir entre programas: no es cuál promete más, sino en qué trimestre estás y cuánto tiempo de preparación te queda por delante. Si vas llegando al tercer trimestre como yo, con el reloj corriendo, un curso completo y estructurado como Vive Tu Parto Sin Miedo rinde más que uno barato que apenas estás empezando a explorar.
Miré también Como Convertirte en la Madre Que Quieres Ser, que cuesta bastante menos, pero se siente más como un ensayo personal sobre las emociones de ser mamá que como una guía práctica de qué hacer con el dolor o con el movimiento. Le sirve a quien apenas está asomándose al tema y quiere primero ordenar la cabeza antes de invertir en algo más completo; a mí, que ya estoy corriendo contra el calendario, me dejó con las mismas dudas de movimiento con las que empecé. Ese programa, además, todavía solo tiene una reseña en la plataforma, y contra el rigor que yo misma exijo cuando reviso material para mis alumnos, eso pesa.
Para después del parto ya tengo separado Mi Bebé Come Solo, con apenas nueve reseñas todavía, pensado para cuando lleguen los primeros meses y toque resolver el paso de la leche a la alimentación complementaria — ese es capítulo aparte, no el de hoy. Entre un curso online y las charlas del hospital la diferencia más grande, para mí, no es el contenido sino el ritmo: uno lo repites cuantas veces haga falta y el otro pasa una sola vez, sin pausa para volver atrás. Y ya que hablamos de cómo se mueve el cuerpo, vale la pena revisar también los criterios para elegir programas de preparación al parto que ayuden a evitar desgarros, porque la posición que elijas durante el trabajo de parto influye directamente en eso.
Lo que cambia una vez que el plan de parto ya no da miedo
Hace poco llené de un tirón el plan de parto que trae el curso, sin tachar una sola línea ni devolverme a dudar si estaba pidiendo demasiado, y ese detalle solito me dijo más sobre mi propia preparación que cualquier certificado de módulo completado. El manejo del dolor durante el parto sigue siendo mi tema del momento, pero ya sé que después vienen otros capítulos: la lactancia materna, el sueño del recién nacido, y esa pregunta más grande de en qué clase de madre me voy a convertir una vez que el bebé ya esté en mis brazos y no en la panza. Ninguno de esos temas cabe en este texto, y está bien que así sea — cada cosa tiene su momento, como les digo a mis alumnos cuando quieren adelantar la tarea de la próxima semana.
Si a vos también las hojas del hospital se te quedaron cortas y quieres entender de verdad cómo ayudarle a tu bebé a nacer, busca una formación clara y con estructura, no una colección de videos sueltos. Yo me quedo con Vive Tu Parto Sin Miedo por la forma en que ordena el tema semana a semana, aunque me toque subir el volumen de vez en cuando. Ahí vamos, aprendiendo a ser mamás de a poquito, o mejor dicho, una posición a la vez.
Al final la que va a estar ahí, sosteniendo su propio peso y el del bebé, sos vos, y conocer el cuerpo con el que vas a hacerlo es lo que de verdad ayuda a bajar el miedo — no la lista de doce posiciones con la que empezamos este texto. Puedes revisar los detalles del programa aquí: Preparación integral para el parto.